Petroleros vinculados a Irán merodean sobre los cables submarinos del estrecho de Hormuz
Dos petroleros sancionados por Estados Unidos y vinculados a Irán pasaron días a la deriva sobre corredores de cables submarinos en el golfo de Omán y el mar de Arabia, según Windward. La actividad coincide con las amenazas del IRGC de atacar la infraestructura que conecta Oriente Medio con Europa, África y Asia.
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Dos petroleros sancionados por la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) de Estados Unidos y vinculados a Irán pasaron días a la deriva directamente sobre corredores de cables submarinos en el golfo de Omán y el mar de Arabia, según la empresa de inteligencia marítima Windward. El movimiento se produjo en las semanas previas a que un portavoz de la Guardia Revolucionaria iraní amenazara públicamente con atacar la infraestructura de internet que cruza el estrecho de Hormuz.
La noticia la avanzó el Financial Times y la recogió Ars Technica. Windward no afirma que los buques hayan dañado ningún cable ni que estuvieran colocando explosivos. Lo que documenta es un patrón: barcos sin carga comercial, con destino ya fijado, que reducen la velocidad hasta quedar casi parados sobre rutas de cables y reanudan la marcha después.
Qué se observó
El primer buque fue sancionado por OFAC en septiembre de 2024 por transportar carga para la Fuerza Quds del IRGC. Según Windward, después de permanecer inactivo frente a Khor Fakkan navegó hacia Mascate a 11 nudos, bajó a menos de un nudo sobre los corredores de cables el 30 de septiembre y derivó durante 73 horas antes de retomar la velocidad y dirigirse a Suez. Durante esa deriva cruzó los bordes de los corredores de AAE-1, Bay of Bengal Gateway y 2Africa, y pasó a menos de media milla náutica de FALCON, GBI y MENA. Cuatro días antes había cambiado su MMSI, su indicativo de llamada y su pabellón.
El segundo, sancionado en noviembre de 2025 por transportar GLP iraní, iba desde el estrecho de Malaca hacia una transferencia frente a Dubái. El 4 de octubre se detuvo en el centro del mar de Arabia, a 660 millas náuticas de la costa, y permaneció 115 horas con una velocidad mediana de 0,6 nudos. Su deriva cruzó AAE-1, FEA, SEACOM/TGN-Eurasia, IMEWE y SEA-ME-WE 4, en aguas de unos 3.700 metros de profundidad. Windward la describe como la deriva más larga registrada en ese corredor desde finales de mayo.
La empresa también ha informado de que algunos de estos buques apagaron sus transpondedores AIS, el sistema que emite su posición y otros datos. Ese apagón dificulta el seguimiento, aunque no lo impide: Windward combinó datos de tráfico marítimo con imágenes satelitales para reconstruir las rutas.
Por qué Hormuz es un cuello de botella
Por el estrecho de Hormuz pasan seis cables activos: 2Africa, AAE-1, FALCON, GBI, Tata TGN-Gulf y OMRAN/EPEG. Otros dos, FIG y SEA-ME-WE 6, están en construcción y tienen prevista su entrada en servicio en 2027. El portavoz del IRGC Hossein Mohebbi habló el 19 de octubre de siete cables, una cifra que queda entre los seis actuales y los ocho previstos, según los datos de TeleGeography que cita Windward.
La dependencia no es homogénea. Irak, Kuwait, Baréin y Catar no tienen ninguna ruta submarina hacia el exterior que evite el estrecho: todos los cables que utilizan desembarcan dentro del golfo. Para Irak, Kuwait y Baréin la exposición es especialmente alta; Catar tiene más rutas, pero también pasan por Hormuz. India envía por el golfo Pérsico y el estrecho aproximadamente un tercio de su tráfico de internet hacia el oeste, según Ars Technica.
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El cable 2Africa, uno de los corredores visitados por los buques, pertenece a un consorcio que incluye a Meta, Orange, Vodafone, China Mobile, center3, Telecom Egypt, WIOCC y Bayobab. Su rama en el golfo conecta Irak, Kuwait, Baréin, Catar, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Omán.
El límite de la amenaza: cortar también aislaría a Irán
La amenaza tiene una contradicción interna. FALCON y GBI desembarcan en Irán, en Bandar Abbas y Bushehr, y OMRAN/EPEG conecta Omán con Irán. Cortar cualquiera de ellos también interrumpiría las conexiones iraníes. Eso no significa que la amenaza sea vacía: 2Africa y Tata TGN-Gulf no tocan territorio iraní, y los dos cables previstos para 2027 tampoco.
Precisamente por eso importa saber dónde pasa cada cable. Un ataque selectivo exigiría conocer con precisión qué sistema se corta y cuál se deja intacto. Windward señala que la actividad de los buques sobre corredores que no desembarcan en Irán es lo que merece seguimiento, más que la retórica.
Qué significa mapear y qué no se puede concluir
Windward advirtió al Financial Times de que el comportamiento de los buques podría indicar que están "mapeando las rutas de los cables, o colocando cargas o minas sobre ellos mientras están a oscuras". Es una hipótesis, no una conclusión. La propia empresa aclara que ninguna de las derivas puede caracterizarse como un levantamiento confirmado.
El mapeo no requiere tocar el lecho marino. Un sonar multihaz instalado en el casco cubre una franja de aproximadamente 3,5 veces la profundidad del agua, y los sistemas de aguas profundas pueden montarse en un contenedor sobre un buque mercante. Si eso ocurrió en este caso no está establecido. Lo que sí se puede afirmar es más limitado: dos buques vacíos, con vínculos iraníes y destinos ya fijados, hicieron paradas de varios días sobre rutas de cables en las semanas previas a la amenaza pública, y reanudaron su velocidad normal inmediatamente después.
Qué conviene vigilar
Windward propone tres indicadores: nuevas derivas de buques vinculados a Irán sobre corredores del golfo y del mar de Arabia, especialmente sobre sistemas que no desembarcan en Irán; el avance de la ruta terrestre iraquí desde Al Faw hasta la frontera turca, la única alternativa que uno de los cuatro países más expuestos está construyendo; y si los trazados de FIG y SEA-ME-WE 6, previstos para 2027, se rediseñan como respuesta.
La vulnerabilidad física de los cables no es nueva y no tiene una solución a corto plazo. Lo que ha cambiado es que la parte mejor situada para explotarla la ha nombrado públicamente, y que antes de hacerlo se observaron buques vinculados a ella sobre las rutas. Para los operadores y los gobiernos de la región, la prioridad es la misma que en cualquier infraestructura crítica: saber qué rutas sostienen qué tráfico, disponer de capacidad alternativa y vigilar los movimientos anómalos antes de que se conviertan en un incidente.
Fuentes
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